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Curaçao Sail Foundation

Ponencia “Comentarios en torno a la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales y su influencia en el Caribe y en tierra firme” dictada por la Sra. Lourdes Ezechiëls Marchena, Fundadora, Presidente y CEO de Curaҫao Sail Foundation, con la colaboración de D. Omar R. Ortiz-Troncoso, Phd. Miembro del Comité Asesor de Curaҫao Sail Foundation y socio honorario de la Liga Marítima de Chile.

“COMENTARIOS EN TORNO A LA COMPAÑÍA HOLANDESA DE LAS INDIAS OCCIDENTALES Y SU INFLUENCIA EN EL CARIBE Y EN TIERRA FIRME”
Lourdes Ezechiëls Marchena, LLM
Fundador, Presidente & CEO de Curaҫao Sail Foundation


Omar R. Ortiz-Troncoso, Phd

Miembro del Comité Asesor de Curaҫao Sail Foundation
Socio honorario de Liga Marítima de Chile


Ponencia presentada en el marco de la XXXIª Asamblea General Ordinaria de la Federación Internacional de Ligas y Asociaciones Marítimas y Navales – FIDALMAR realizada en Santo Domingo, República Dominicana entre el 16 y el 19 de Octubre de 2017.


Para exponer un tema frente a una asamblea esencialmente marítima, como es ésta, no dudamos en elegir un capítulo de la historia holandesa ya que, prácticamente, todo el pasado de ese país está vinculado al mar. Y esto es especialmente válido para el siglo XVII – el Siglo de Oro holandés – que es cuando Holanda comenzó a disputar seriamente el dominio de los océanos a Portugal y España, sus predecesores en esta materia Posteriormente, debió competir con Inglaterra y más tarde con Francia.
Por limitación de tiempo, sólo nos referiremos a algunos aspectos sobresalientes de ese pasado, añadiendo además, algunos ejemplos de aquella influencia que marinos y mercaderes holandeses trajeron hasta el Caribe y el continente americano, a miles de millas de sus puertos de origen en la Europa del Norte.
Debemos añadir, que el concepto “Tierra Firme”, empleado en el título, alude a la diferencia establecida en los primeros años de la presencia hispana en el Nuevo Mundo, entre las tierras insulares del Caribe – las primeras visitadas por Colón y otros navegantes europeos – y las tierras que (más tarde se descubriría) constituyen la masa continental que se extiende de Alaska a Tierra del Fuego. Este concepto de “Tierra Firme” fue utilizado en el período colonial temprano para referirse especialmente al litoral caribeño de Centroamérica y del borde norte de Sudamérica.
Pero en el titulo aparece otro concepto que también es de importancia en este caso. Se trata de la mención “India Occidental” o “Indias Occidentales”, lo que en la tradición del mercantilismo europeo del siglo XVII terminará siendo complemento (o contraparte) al concepto de “Indias Orientales”.
Como es conocido, a inicios del siglo XVII, más exactamente en 1602, en los Países Bajos se efectuó la fusión de varias empresas comerciales dando lugar a la llamada Compañía Unida de las Indias Orientales, más conocida por la sigla VOC derivada de su nombre en holandés: VerenigdeOostindischeCompagnie. Como su nombre lo indica, su objetivo era incentivar el comercio con territorios orientales, por ejemplo, con los archipiélagos de Indonesia y Molucas.
Más tarde, en 1621, hombres de negocios holandeses crearon otra gran empresa de parecida inspiración: La Compañía de las Indias Occidentales (WIC), en lo esencial dirigida a la explotación de territorios y productos de África y América, incluyendo, obviamente las islas del Caribe. Las actividades de esta compañía fueron autorizadas por los Estados Generales de las Provincias Unidas, es decir por el gobierno holandés, siendo reorganizada en 1675 y extinguiéndose en 1791. Es decir estuvo activa a lo largo de 170 años.
Hay que enfatizar que los hechos aquí resumidos tuvieron como contexto histórico-social la Guerra de Ochenta años o Guerra de Flandes, desde 1568 a 1648, incluyendo una tregua de doce años entre 1609 y 1621. Llama la atención, justamente que la Compañía de las Indias haya sido creada cuando se reiniciaron las hostilidades, luego de la tregua, por lo que un autor afirma que “fue primordialmente concebida como instrumento de guerra contar España” (Goslinga 1983:88).
¿Pero, cuál fue el estímulo que hizo que los holandeses se sintieran atraídos por el Caribe, es decir para que condujeran hasta aquí sus flotas? Una importante razón fue la escasez de sal destinada a la conservación del producto de la industria pesquera, particularmente del arenque. La Guerra de Flandes hizo que España cerrara a Holanda la posibilidad de adquirir sal en la península Ibérica y luego en las portuguesas islas de Cabo Verde, o islas de la Sal como también se las conocía. El comercio de exportación de pescado salado, desarrollado por los Países Bajos, buscó la manera de suplir esta carencia obteniendo sal por ejemplo en Bonaire, pero también de manera ilegal en las salinas ubicadas en territorio español, como fue el caso de Punta de Araya y la isla Tortuga, cercana a isla Margarita, en Venezuela.
Esta breve exposición que presentamos hoy pretende “reunir elementos que podrían contribuir a la comprensión de ese panorama económico-social y su proyección en parte del Nuevo Mundo, tarea no simple teniendo en cuenta la complejidad de las relaciones existentes entre las naciones que se disputaban su posesión y explotación, llevando sus manejos políticos desde Europa a ultramar.
Casi en forma espontánea surge aquí, paralelamente, el tema de la comparación crítica de los sistemas de colonización aplicados por holandeses y sus oponentes españoles y portugueses, lo cual no es nuevo porque en su tiempo sirvió ya de base a sostenidas campañas propagandísticas y/o difamatorias según venga el caso, fundamento además de la leyenda negra patrocinada entonces por Inglaterra y los Países Bajos”. (Ortiz-Troncoso 1992:2)


La Compañía


Fundamentalmente, la actuación holandesa en América se torna decisiva a partir del siglo XVII y coincide parcialmente con el período de auge económico situado aproximadamente entre 1625 y 1675. Como ha sido señalado, en esta hegemonía económica se destacaba la actividad pesquera, la construcción naval y una gran flota comercial que controlaba no sólo amplios espacios marítimos, sino también una extensa red fluvial de comunicaciones dentro de Europa (Wallerstein 1982:93; Ortiz-Troncoso 1992:1). 
Sobre este propósito conviene subrayar que estas compañías holandesas, que funcionaban con capitales privados, disponían de flotas apropiadas no sólo para el transporte sino también preparadas para el combate.
El gigantesco desembolso que para la corona hispana significaba la guerra con los Países Bajos era, en parte, amortizado por riquezas extraídas desde América, lo cual llevó al poderío naval holandés a hacerse presente en aguas americanas con la intensión básica de cortar este sustento económico desde sus raíces. El asunto queda bien ejemplificado por las operaciones navales llevadas a cabo en el Caribe por PieterSchouten, corsario natural de Vlissingen al servicio de la Compañía de las Indias Occidentales, quien en 1624, efectuó una detallada expedición de reconocimiento en el Caribe. De ese entonces, data el primer asentamiento holandés en Sint Maarten. Otro marino de relieve fue BoudewijnHendriksz (conocido por los españoles como Balduino Enrico) quien, entre septiembre y octubre de 1625, trató infructuosamente de ocupar Puerto Rico.
En los Países Bajos tuvo especial connotación patriótica – efecto psicológico – diríamos hoy – la captura de la Flota de la Plata frente al puerto cubano de Matanzas, en 1628, la que dejó un beneficio estimado de siete millones de florines (suma enorme para la época) e hizo del almirante PietHeyn, el héroe popular de mayor relieve de su tiempo (Blussé& De Moor 1983:68; Ortiz-Troncoso 1992:4).
Uno de los más ambiciosos proyectos territoriales y comerciales de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales tuvo como objetivo la parte noreste de Brasil. La figura sobresaliente de este episodio histórico fue el gobernador Johan Maurits van Nassau-Siegen, designado para esta función en 1637. Junto con reorganizar la economía de la colonia, adoptó medidas avanzadas para la época, como la libertad religiosa. No hay que olvidar, por otra parte, que en 1643 y desde Brasil fue organizada una expedición cuyo objetivo fue la conquista de un enclave en el sur de Chile, en la ciudad fortificada de Valdivia. Este intento de establecer una colonia holandesa en la costa chilena del Pacífico fracasó debido a la respuesta militar de la autoridad española.
No todo fue ejemplar y edificante en las actividades de la Compañía de las Indias Occidentales a lo largo de sus 170 años de existencia, aun cuando se tratara de negocios aceptados como normales dentro del contexto cultural de la época. Citando un caso, la guerra de corso contra buques de comercio bajo otras banderas contó con protección legal del Estado. Más lamentable todavía fue la sistemática captura de población africana y su comercialización en tierra americana. Este tráfico de esclavos formó parte de un sistema triangular de comercio: las flotas de la Compañía zarpaban de los Países Bajos hasta la costa occidental de África, para luego dirigirse hacia las Antillas y costa Este del continente americano, llevando esclavos y regresando a continuación a Europa con productos de alto valor comercial producidos en aquellas colonias, tales como azúcar, sal, tabaco, maderas finas, pieles, etc.


New York. New York!


En Amsterdam existe un edificio histórico conocido como “West-Indisch Huis”. Allí se reunía, en sus primeros años, el consejo de administración de la Compañía de las Indias Occidentales. A los visitantes suele mostrárseles una gran sala que servía a este propósito, siendo fácil imaginar, en una escenografía del siglo XVII, a estos personajes vestidos sobriamente, como era la costumbre entre los protestantes de la época, instalados en torno a una gran mesa. Un día tomaron allí le decisión de fundar un asentamiento en la costa Este de Norteamérica, sobre una isla de 87 kilómetros cuadrados que los aborígenes llamaban Manhattan. Aquel asentamiento se llamaría Nieuw Amsterdam y el territorio vecino Nieuw Nederland (es decir Nuevos Países Bajos).
El primer Gobernador de la naciente colonia, Peter Minuit, fue nombrado en 1626. Uno de sus primeros pasos fue adquirir la isla a los aborígenes, por la que pagó 60 florines. En ese momento los colonos no podían imaginar la evolución que tendría este poblado, que más tarde, en 1674, pasaría a manos británicas y cambiaría su nombre por New York. Una consecuencia inesperada de este traspaso fue que en 1674, a través del tratado de Westminster, el actual territorio de Suriname – cuya colonización habían iniciado los británicos – quedó oficialmente en manos de los holandeses durante tres siglos, hasta que fue proclamada su independencia en 1975.
En un plano anecdótico, se afirma que entre los holandeses de Nieuw Amsterdam, el nombre masculino más común era JanKees (en español diríamos Juan Cornelio). Como burla, los colonos de otro origen, especialmente los británicos, dieron por llamar a los holandeses del área, los “JanKees”, lo que habría dado origen al término “yankees” que, como sabemos, todavía subsiste.


Curaҫao, nuestra isla


Los primeros españoles en visitar Curaҫao se sintieron sorprendidos por la estatura de sus aborígenes y la llamaron “isla de los Gigantes”. Pronto, todavía a inicios de del siglo XVI, cuando los europeos se dieron cuenta de la escasez de oro en esta y otras islas vecinas, terminaron por designarlas como “islas Inútiles”. A falta de oro, la agricultura y luego la ganadería fueron las explotaciones características de esa etapa de colonización española (Huijers&Ezechiëls 1991:1).
Cuando habían transcurrido trece años desde su fundación, la Compañía de las Indias Occidentales vió la oportunidad de obtener beneficios económicos en Curaҫao. Así, en 1634, un contingente militar bajo el mando de Johannes van Walbeeck se apropió de la isla expulsando hacia Venezuela la pequeña guarnición española y el reducido grupo de aborígenes allí presentes. Unos cuatrocientos indígenas fueron expulsados hacia las proximidades de Coro, permaneciendo en Curaҫao solo un puñado de ellos (Haviser 1987:57). Dos años más tarde, la Compañía pasaba a ocupar las vecinas islas de Aruba y Bonaire, iniciando la explotación agrícola y la extracción de sal. Hacia mediados del siglo XVII, estos territorios acogían una población compuesta por tres grupos mayoritarios: holandeses, africanos y sefardíes, dando origen a una lengua local con fuerte dosis de portugués aportado por estos últimos. (Gehring&Schiltkamp 1987; Ortiz-Troncoso 1992:7).
Para finalizar, es importante indicar que el destino marítimo de Curaҫao queda ya en evidencia en un documento de aquella época, en el cual, el primer Director de la Compañía dela Indias Occidentales en la isla, anota que “el mayor beneficio que la Compañía puede obtener en esta isla está en su hermoso puerto, el cual puede servir como refugio para las naves holandesas que navegan en estas aguas”.
Podríamos decir que la frase recién citada anticipa a aquella que nuestra fundación Curaҫao Sail utiliza permanentemente en sus documentos, como una manera de reafirmar su objetivo: Curaҫao ,tallshipsport of theCaribbean… Curaҫao, puerto de veleros del Caribe.


Fuentes de información:
BLUSSE, L. & J. DE MOOR (1983) Nederlandersoverzee. Franeker.
GEHRING, CH.T. & J.A. SCHILTKAMP, eds. (1987) CuraҫaoPapers 1640-1665. New York.
GOSLINGA, C.C. (1983) Los holandeses en el Caribe. La Habana.
HAVISER, J.B. (1987) Amerindian Cultural Geography on Curaҫao.Doctoral Dissertation, University of Leiden.
HUIJGERS, D. & L. EZECHIËLS (1991) Landhuizen van Curaҫao en Bonaire.Amsterdam/haarlem.
ORTIZ-TRONCOSO, O.R. (1992) La presencia holandesa en Sudamérica y las Antillas durante el siglo XVI y XVII. Un esquema de sus proyecciones históricas y antropológicas. IV ConvegnoInternazionale di StudiAmericanistici, Genova.
WALLERSTEIN, I (1982) Dutch hegemony in the seventeenth-century world-economy. In: Dutch capitalism and world capitalism (M. Aymard,ed.) pp 93-145, Maison de Sciences de l’Homme, Paris & Cambridge University Press.

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